jueves, 19 de mayo de 2011
Arrepentíos pecadores
Me he enterado de forma totalmente casual, es lo que tiene Internet, de que el sábado 21 de mayo (pasado mañana) llega el tantas veces anunciado FIN DEL MUNDO (vaya charranada para todos los que se han pasado los últimos días pegando carteles y yendo a mítines para que el día antes de ir a votar se acabe este tinglado).
Esta predicción está basada en la lectura de la Biblia y en sesudos análisis de lo que allí se dice, así que si pensabais que teníamos hasta el 2012 estáis listos. Para los que tengan ganas, no digo tiempo porque de eso no nos queda, os dejo el enlace donde está todo explicado: http://www.taringa.net/posts/info/9043981/21-de-mayo-2011-fin-del-mundo-explicacion.html (copiar y pegar en el navegador).
¿Y ahora qué se hace? Con lo poco que queda no se puede perder el tiempo en meditar, hay que tomar decisiones precipitadas y eso, ya lo sabemos, es lo peor que se puede hacer.
A mi, para empezar, me han fastidiado los planes del fin de semana porque pensaba irme a la Puerta del Sol de Madrid para ver "in situ" de que va esa movida, firmar unos cuantos manifiestos y/o peticiones a la superioridad y a comerme una cazuelita de callos y unos chipirones en la Taberna de Antonio Sánchez.
Gracias a Internet, una vez más, he hecho un repaso de los diez mandamientos, los de la Santa Madre Iglesia no los de Charlton Heston, y he descubierto que, a pesar de mi ateísmo recalcitrante, no tengo nada de lo que arrepentirme; incluso he descubierto que alguno de esos mandamientos los he cumplido a rajatabla, como por ejemplo el tercero: "santificarás el día del Señor" y yo, mientras la salud me lo ha permitido, no ha habido domingo ni fiesta de guardar que no haya ido a tomar el aperitivo con los amigos.
Por cierto en la lista que he consultado, que no sé si es la oficial, ha desaparecido aquel mandamiento que prohibía desear a la mujer del prójimo; y este sí que me lo he saltado con una asiduidad pasmosa, pero nunca me ha parecido que eso fuera materia de la que arrepentirse porque desearlas, sí las he deseado pero conquistarlas (o intentarlo) no.
En fin, que no sé muy bien que hacer en este día y medio que queda.
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