lunes, 16 de mayo de 2011

Terremoto en Lorca


Durante el sermón dominical en una parroquia de Lorca, el párroco, D. Andrés, soltó la siguiente perla dialéctica: "En medio de todos los problemas, el Señor está ahí, abrirá camino, aún no sabemos cuál" y continuó diciéndoles a los feligreses y a los 14 niños que hacían la Primera Comunión: "habrá que pedir responsabilidades políticas y económicas"

Una vez más un representante de la Santa Madre Iglesia afianza mi absoluto anti-clericalismo con sus palabras. Por una parte pide resignación ante la adversidad ya que a este mundo hemos venido a sufrir en silencio (como el anuncio del anti-hemorroides), y por otro lado le quita a Dios todo el protagonismo en los terremotos echándole la culpa del mismo a los políticos (ya se sabe que en plena campaña de elecciones todo vale, hasta la ayuda desde el púlpito). Lo de las responsabilidades económicas debe ser para que a nadie se le ocurra pensar que con los bienes de la Conferencia Episcopal se sufragarán los gastos de reconstrucción de Lorca.

Más consecuente con las enseñanzas de la Iglesia Católica fue el talibán, que armado con una Biblia en la derecha y su santa esposa en la izquierda, interrumpió el servicio religioso diciendo, entre otras lindezas: "El terremoto ha sido un castigo de Dios... Si la gente no purga sus pecados, esto será como Sodoma y Gomorra", y continua diciendo: "Hay mucho adulterio e inmundicia sexual, un egoísmo nuevo que explica el terremoto"

Al final nos quedamos sin saber si la culpa del terremoto la tiene Zapatero, Dios, los lorquinos que follan desaforadamente o Angela Merkel (por lo de las placas "teutónicas")

Lo que sí deben saber los habitantes de Lorca es que tendrán que armarse con toda la resignación cristiana que tengan para bregar con las diferentes burocracias administrativas y con las compañías de seguros que encontrarán cláusulas especiales para no abonar las indemnizaciones correspondientes

Vaya desde aquí mi más sincera solidaridad para todos los lorquinos que han perdido a un ser querido y/o su hogar en el terremoto.

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