Hace tiempo me lamentaba por la apatía de los jóvenes y de repente ha llegado esta primavera de jóvenes que expresan sus opiniones y reivindicaciones a los cuatro vientos.
Por un lado están los acampados en las plazas que quieren una sociedad más justa, unos políticos no corruptos y una mayor participación popular en las instituciones democráticas. Pero no es de estos de quien quiero escribir. Me voy a referir a unos jóvenes universitarios católicos que con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (Madrid, 16-21 de agosto) se han lanzado a dar la visión de la Iglesia Católica sobre una serie de debates sociales polémicos. Lo hacen a través de la web aguments.es y no tiene desperdicio.
Sobre la utilización del preservativo para evitar el contagio del SIDA dicen: "Hay una cosa que se llama la compensación de riesgos. Cuando propones medidas preventivas como el uso del condón en la lucha contra el SIDA, sin tener en cuenta cómo actúan los seres humanos, creas una falsa sensación de seguridad en la población y consigues que más gente se ponga en riesgo. Más gente tiene relaciones sexuales con condón y más gente se pone en riesgo. Al final consigues unas tasas enormes de sida". Razonamiento muy lógico si los condones no salen de la cartera.
Cuando compré la primera caja de condones para mi hijo adolescente, tuve buen cuidado de explicarle que los preservativos en el bolsillo del pantalón no sirven para nada, que para que sean efectivos contra las infecciones de transmisión sexual y los embarazos no deseados tenía que sacarlos de su funda y ponérselos en el pene (realmente le dije que se los pusiera en la polla para evitar malos entendidos).
Para frenar el avance del Sida, estos jóvenes universitarios proponen el método ABC. Este método no tiene nada que ver con el periódico monarquico, son las siglas de Abstinence (abstinencia), Be faithul (ser fiel) y Comdoms (condones); "el método ABC ha conseguido frenar en Uganda el sida del 31% al 6%. Con abstinencia, ser fiel a tu pareja y en último recurso el uso del condón sabiendo que no es infalible", argumenta una joven.
Si yo fuera joven (ojalá), universitario y católico (Dios no lo quiera), sabría que al método le sobran la B y la C. Absteniéndonos de tener relaciones sexuales nos evitamos padecer SIDA evidentemente, lo que no nos evitamos es padecer una vida aburridísima y frustrante, sobre todo cuando eres joven.
Otro charco en el que entran es el de los abusos a menores llevados a cabo por eclesiásticos, y una joven universitaria católica dice: "La mayoría de los abusos se hacen en el ámbito familiar y yo cuando veo a un padre no veo a un pedófilo y la gente cuando ve a un sacerdote sí lo hace y es muy triste porque no es real".
A lo largo de mi vida he mantenido relaciones más o menos estrechas con mucha gente de distinta extracción social y nunca he encontrado a alguien que insinuara haber padecido abusos por parte de sus señores padres, algún coscorrón o bofetada sí pero abusos sexuales nunca; sin embargo testimonios de tocamientos, abrazos demasiado cariñosos, baboseos, miradas libidinosas, etc. por parte de religiosos tengo varios testimonios. Sin ir más lejos, recuerdo al padre Pazos que nos preparaba para la Primera Comunión...
Para terminar, defienden la prohibición de abortar en caso de violación con argumentos como el de esta joven: "Una violación es un drama, pero parece que la sociedad sólo ofrece añadir a ese drama otro drama como es el aborto", o este otro de un muchacho: "La violación en una niña joven es un marrón, pero someterla al aborto es agravar el problema". ¿Y si la niña no es joven? ¿Y si la violada es una mujer joven o vieja? ¿Ya no es marrón? La solución la da una tercera joven: "Ser una madre muy valiente y sacar adelante al bebé".
Me gustaría saber cuantas de estas jóvenes universitarias católicas han recurrido a técnicas abortivas y cuantas han sido unas "madres muy valientes" cuando el calentón del fin de semana se les ha ido de las manos (nunca mejor dicho), y eso que el calentón suele ser mutuo y consentido, que no comparo el calentón con la violacón.
La Jornada Mundial de la Juventud, incluida la vista papal, donde se van a juntar miles de estos jóvenes tan "modernos" nos va a costar a los españolitos la friolera de unos 25 millones de leuritos. ¿No es acojonante? A mi sí me acojona.